Una mujer a prueba tendría que ser como una sandía grande y roja. Una sandía a la que cualquier comprador podía hundir su navaja hasta las mismísimas cachas y sacar su tajón fresco y chorreante.
Una mujer a prueba tendría que ser como una sandía grande y roja. Una sandía a la que cualquier comprador podía hundir su navaja hasta las mismísimas cachas y sacar su tajón fresco y chorreante
Soledad sacó una silla de anea y tomó asiento a la puerta de su casa; encendió el candil según la costumbre y abriendo las piernas se lo metió bajo el halda. Soledad, entonces, quedó como desnuda de medio cuerpo hacia abajo.
Referencias específicas